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Cronología de Matrix Segunda Parte



El segundo de la serie de vídeos de la Línea temporal de Matrix.


 

Cronología de Matrix Primera Parte

 

 

El primero de la serie de vídeos de la Línea temporal de Matrix.


El comienzo



Al principio solo estaba Khehthar, y todo era nada, solo estaba él y a la vez era ninguno. No existían el tiempo o los elementos, ni tampoco existían los caminos, pero Khehthar deambulaba por el vacío, deseando ser. Tan firme era su deseo que este tomó consciencia propia, percibiéndolo.

Y así fue, como al ser conocido, Khehthar existió, y con él, el tiempo.
Al ser contemplado tomó forma, y el universo se hizó alrededor de él.
Al ser primero logró la palabra, y su voz el poder de la creación.

Khehthar era uno con su deseo, por lo que decidió nombrarlo, y tan puro y bello era su deseo que de este surgió Quekmis, la más hermosa y radiante. Khehthar y Quekmis se cortejaban y durante varios eones cantaron y bailaron, coexistiendo en armonía.

No obstante, de la eternidad se alzó la monotonía y de ella brotó el aburrimiento, que los embargaba. Quekmis imploraba a Khehthar la creación de otros seres como ellos, pero Khehthar se lo negaba una y otra vez. Siendo así, Quekmis urgió su plan, y mientras Khehthar dormía le despojó de su voz, introduciendo esta en su propio vientre para que no escapase. Con el poder de la creación en su interior Quekmis abandonó a su compañero, escondiéndose en el infinito.

Al despertarse Khehthar gritó de dolor, pero no emitió sonido alguno. Le habían arrebatado su voz y al no encontrar a Quekmis comprendió el crimen que había sido perpetrado. Furioso, Khehthar partió en busca de su voz, recorriendo el todo y tal era su cólera que el universo se estremeció, revelando el lugar donde se ocultaba Quekmis. Al encontrarla, Khehthar rajó su vientre recuperando la voz, y como castigo dividió el universo en dos creando el firmamento y la tierra. Bajo enormes masas de piedra y fuego sepultó a Quekmis creando la corteza terrestre, y no satisfecho con ello hizo los océanos que cubrirían y ahogarían a su vez la tierra.









Quekmis estaba aprisionada, pero percibió que el contacto de su vientre con la voz de la creación no fue en vano, ya que algo en su interior crecía y crecía, estaba encinta. Bajo su cárcel de piedra, agua y fuego Quekmis gestó a sus hijos y fue tal el vigor con el que dió a luz que la corteza terrestre y los océanos se resquebrajaron a su paso, creando a Eigneia, la tierra sobre el mar, y con ella a toda la vida.

Rey de las Ratas




Bremen (finales del siglo XVI)

Las últimas envestidas del invierno golpean con crudeza a una población machacada por el hambre y la enfermedad. Caen mujeres, hombres y niños por igual, ricos y pobres, caen a cientos, caen demasiados.

Es de noche y varios hombres se reúnen, entre ellos médicos, comerciantes, banqueros, e incluso hoy acompañan la nobleza y el clero. Todos se preguntan que hacer para combatir a «La Plaga», a «La Peste Negra». Las ideas se acaban y el silencio lo rompe un extranjero, parece irlandés y dice llamarse Applewhite. «Existe un ser, una aberración que os causa estos males, esta criatura se esconde y se alimenta de vosotros, encontradla y todo acabará».  Su solución parece ridícula, casi mágica, quizás por eso es aceptada.

Los hombres acuden a casas, graneros y ríos, el extranjero explicó lo que debían buscar, pero ninguno cree que sea real. Hans, un herrero de la ciudad, coge una lámpara de aceite, una horca y se dirige a la cloaca Este junto al río.

La presencia de Hans alerta a cientos de seres que corren y chillan, centenares y centenares de ratas esquivan el camino del hombre, abriéndose ante su paso como el Mar Rojo ante Moisés. Al fondo de la cloaca, junto a una enorme piedra con apariencia de trono, Hans distingue en la distancia una gran mancha negra. Al acercarse conoce el horror, una rueda infernal de patas, bocas y ojos que desafía al hombre. Con coraje Hans acorrala y golpea a la criatura, esta chilla y se retuerce, batallando hasta el final, pero acaba doblegándose y aceptando su destino. La plaza mayor palidece al vislumbrar el monstruo.


El engendro estaba formado por decenas de ratas, todas ellas unidas por sus colas. Había roedores de todo tipo, grandes y pequeños, negros y marrones, pero todos tenían en común su unión a la enfermedad, a la suciedad, y una innumerable colección de pústulas y costras. Se distinguía que varios de los roedores llevaban varias semanas muertos, infectos apéndices lastres de los vivos. La criatura fue designada como «El Rey de Las Ratas».

Se quemaron los restos del ser y el invierno pasó, dando alivio a la ciudad de Bremen. Diversas teorías y leyendas se formaron alrededor. Se oía que en ciertas situaciones una rata daría a luz de forma natural a un Rey de las Ratas, las crías de rata verían sus colas entremezcladas ya en el útero de su madre. Al nacer este engendro aprendería a vivir como un solo ser, creciendo y ejerciendo su dominio sobre las demás ratas. El Rey de las Ratas tomaría consciencia, usando su dominio de la enfermedad y la plaga para pudrir al hombre y así aumentar su influencia.

Los habitantes de Bremen no se libraron de la enfermedad, pues varios brotes de Peste y Cólera siguieron castigándoles durante varias décadas. En los peores inviernos la ciudad se unía en busca del culpable, en busca del origen de todos sus males, en busca del Rey de las Ratas.

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Se dice que los franceses acuñaron el término «rouet de rats», que significa Rueda de Ratas. Al traducirlo se produjo una equivocación, confundiéndolo con  «roi de rats» (rey de las ratas), término erróneo que sigue perdurando hasta nuestros días.

La leyenda del Rey de las Ratas nació en el siglo XV entre Europa central y la Europa del Este. Antiguamente se pensaba que un Rey de las Ratas era el responsable de las plagas de una ciudad, pero si estos llegaron realmente a existir no eran más que un terrible suceso producto de varios factores con nada de mágico o sobrenatural. Se ha teorizado que un Rey de las Ratas se formaba por dos factores:
1.- La poca higiene y la falta de un sistema de alcantarillado de las sociedades de los siglos XV, XVI y XVII.
2.- El frío.

Se cree que, debido a la falta de higiene y a un buen sistema de alcantarillado, las ratas se extendían como plagas. Las ciudades estaban invadidas por miles y miles de ratas, cubiertas por suciedad, sangre, orina y excrementos. Esta curiosa mezcla en combinación con el frío se solidificaba, encadenando a decenas de roedores por sus colas. El frío es un factor muy importante, porque un frío extremo no permitiría la vida de las ratas, y un frío moderado no solidificaría «la mezcla». Es por ello por lo que estas criaturas no se hayan encontrado en la Rusia oriental o en países como España o Italia, sino en Centro-Europa o Europa del Este, donde haría el frío óptimo.


Un Rey de las Ratas no traería suciedad, enfermedades, etc… sino que estos últimos factores facilitarían la formación de estos seres. La causalidad está invertida.

Este fenómeno no se daría hoy en día debido a la buena higiene y a que Europa fue invadida por la Rata parda, que sustituyo a la Rata negra. La Rata parda es de mayor tamaño y con una cola más corta y fuerte que la Rata negra. La comunidad científica muestra un profundo escepticismo sobre esta criatura, las pruebas que existen hoy en día pudieron haber sido manipuladas por el hombre. Además, se sabe que la cola de una Rata no es un espagueti, sino que está formada por hueso, vasos sanguineos.. desechando la idea de que las colas de las ratas se pudiesen entremezclar.

El término Rey de las Ratas fue un concepto vivo de la cultura centroeuropea de los siglos XV, XVI y XVII. Ya Lutero usaba este término para insultar al Papa, «Arriba en el Catolicismo está el Papa, el Rey de las Ratas arriba del todo».